Revista web de crítica literaria
| LADY SUSAN, de Jane Austen |
| Escrito por Mónica Ríos | |||||||||||||||
| domingo, 18 de mayo de 2008 | |||||||||||||||
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PÁGINAS DONDE NO PASA GRAN COSA
No sé si todas las mujeres crecimos con sueños de romance en la cabeza. Nos quieren hacer creer que son muchas las que sí, y eso parece cuando escucho suspiros femeninos y nerviosas risas masculinas mientras reviso con mis alumnos los guiones de las películas clásicas de Disney, donde la “gran cosa”, la batalla, es el marco para la historia de amor. Así aquella joven bien dotada, próxima a ser princesa, no es la protagonista de las historia que lleva su nombre, sino que sólo es el objeto de deseo que hace mover esa “gran cosa”. La princesa, en estos casos, podría bien ser un diamante, un maletín, un montón de dinero, un trofeo o lo que los manuales de guión llaman un MacGuffin; y, si sólo moviéramos un milímetro los esquemas morales de los protagonistas, éstos se transformarían de príncipes a mafiosos, ladrones, matones, luchadores, soldados. Difícilmente las niñas –aludo a mi experiencia– encuentran en las figuras de las princesas algún tipo de identificación, especialmente cuando salta a la vista que los hombres no son –salvo hermosas excepciones– valientes y guapos, sino más bien brutos y estúpidos. Y que las mujeres también van al baño, no sólo a retocarse la nariz; que el mundo está lleno de detalles frustrantes y dolorosos, de cuyas consecuencias nadie va intentar salvarnos. La fascinación por la escritura de Jane Austen hoy sólo puede venir –en mi opinión– tardíamente: una vez que se haya conocido el amor, ese que toma tiempo y hace sentir bien, una vez que se ha dejado atrás la adolescencia deseosa a la vez que asqueada del romanticismo de película, una vez que uno ya se hartó de luchar contra esos modelos que parecen tan falsos como el feminismo de los sesenta. También se disfruta más el tono irónico de su narración, de sus diálogos, y cómo produce a sus personajes con ciertos rasgos de personalidad muy marcados en detrimento de otros. Además, las historias de Austen bien podrían verse bajo una matriz sociohistórica: es una de las primeras autoras modernas occidentales en meterse dentro de la cabeza de una mujer, en una sociedad donde las señoritas no podían pedir nada más que la cuna en la que nacían y la alianza marital que alcanzaban, donde el trabajo les estaba vedado por degradante, donde la aristocracia europea estaba fundiéndose con la burguesía y donde quedan resabios de esa contención en el tacto y en ese decoro de la palabra que en el siglo XXI nos parece tan ajenos. Si incluso eso no capta la atención del lector, aún éste puede engatusarse con el entramado de situaciones y con el padecimiento amoroso que siempre termina bien para los buenos y mal para los malos, descritos en un lenguaje literario envolvente y chispeante. Lady Susan, a diferencia de aquellas obras de Jane Austen que han sido llevadas al cine y la televisión, es una novela epistolar. Su protagonista no es bondadosa –en las novelas de Austen casi nunca lo son–, sino una mujer engatusadora, coqueta, cruel y jueguetona, una que hoy tal vez llamaríamos la femme fatale, un poco más suavizada que la marquesa de Merteuil que Choderlos de Laclos hace relatar Las relaciones peligrosas, aunque igualmente castigada por el desfase ético de su apariencia –bella y discreta– con sus verdaderas y venenosas intenciones. Los espacios y los tiempos de la novela se distribuyen entre la larga rutina de las mujeres de alta sociedad en el campo, cuyo único pasatiempo era recibir visitas, bordar, pasear, leer y educarse en el conocimiento del francés y del piano, con los momentos de esparcimiento donde podían participar los hombres, que nunca aparecen realizando las negociaciones propias de quienes gestaban la Revolución Industrial. A diferencia de sus coetáneas, Lady Susan prefiere tejer intrigas y usar sus encantos, competir con las mujeres, manipular para conseguir algunos objetivos tan vagos como aplacar el aburrimiento al que estaban confinadas las mujeres de la burguesía y aristocracia inglesa de esos siglos.
Lady Susan. Jane Austen. La Compañía de los Libros. Buenos Aires, 2007.
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