Revista web de crítica literaria

LAS ARMAS DE LAS LETRAS, de Grínor Rojo  E-Mail
Escrito por Carlos Labbé   
miércoles, 23 de abril de 2008

EL ESPÍRITU DESTRUCTIVO Y UN ESPÍRITU

 

Alguna vez, cuando he levantado la cabeza en medio de la experiencia de mayor concentración entre algunas páginas para darme cuenta por un instante de la comodidad, de la compañía, del encierro, del refugio que significa leer hoy y –acaso– en cualquiera de los tiempos peligrosos de esa intemperie que significa el pasado, ese efecto de mi propio cuerpo se traslada a la misma fragilidad material del libro que me hizo olvidarme: el agua disuelve y el fuego quema cualquier escritura. El papel no soporta la manifestación del espíritu de la vida ni del ángel de la muerte; sin embargo, todo libro busca ese principio y ese final en homenaje a los árboles que fueron cortados para que se imprimieran. Sólo somos intermediarios del fuego y del agua –del riego y del incendio– en el papel, me olvido de eso si no leo concentrado cuando nos dicen que los libros sirven sólo en los anaqueles de las grandes bibliotecas, que son una propiedad lujosa de quien pueda pagar la inutilidad, si no un simple respaldo físico –un anacronismo– de toda la información que tendríamos disponible en nuestras habitaciones perfectamente aisladas de cualquier inclemencia, y de los cuerpos sudorosos de los otros animales.

        Es cierto que el libro y la vida moderna comparten el mismo proceso de formación histórica, que necesitan el uno del otro para existir. Entonces por qué el libro –la capacidad crítica que crea en el lector– entraña la destrucción de la cotidianidad urbana, y por qué se nos insta a ver, pestañear y mirar siempre para otro lado en vez de mantenernos varios días, meses, suspendidos entre las mismas páginas, escuchando diversas voces ordenadas por la linealidad de un discurso coherente, recuperando así un solo relato y al mismo tiempo antiguas oralidades colectivas que, ante lo incomprensible, posibilitaban de común acuerdo el silencio. Entre el libro y la vida moderna hay una paradójica dependencia que aparentemente no tiene solución; pero los arcaicos djinns estaban enterrados dentro de botellas en el desierto, algunos sedientos desesperados veían agua ahí dentro y, por sacar al genio de su prisión, causaban una tormenta terrible, se les confería tal sapiencia que gobernaban a los pueblos o conseguían inmediatas riquezas que se iban a desvanecer en cuestión de horas. Otra figura de esta dependencia es la relación necesaria que ha de haber entre Próspero, Ariel y Calibán en La tempestad, de William Shakespeare, a la que Grínor Rojo acude en sus ensayos reunidos en Las armas de las letras –igual que antes José Enrique Rodó o Roberto Fernández Retamar– para hablar de la paradójica situación de quienes hoy, en Chile y otros países de habla castellana de este continente, escriben libros, los leen, se concentran en ellos y hablan: los intelectuales. En nuestro tiempo, señala el ensayista en su prólogo, hemos olvidado que Próspero –la razón– se debió aliar con Ariel –el espíritu– para derrotar a Calibán –la muerte–, y estos términos están tan enterrados como el agua subterránea de un lejano desierto calcinante para académicos que se han vuelto especialistas en leer sus libros como si fueran mera información que debe traspasarse de una a otra celda sofisticada, sellada al vacío, donde nada orgánico puede reclamar de hambre, de sed, de que algo duele o que hace cada vez más calor.

        A primera vista la propuesta inicial de Rojo –recuperar la discusión de Rodó y Fernández Retamar en torno a la razón, el espíritu y la muerte– se diluye a medida que avanza el libro, y pareciera que otro fuera el motivo que guía la argumentación: un alegato nostálgico ante la pérdida de influencia de las humanidades, la capacidad crítica y la educación ilustrada entre nosotros. Pero una mayor concentración en la lectura hace descubrir que justamente el énfasis en los tópicos es una trampa puesta ahí –al fondo– para que ese tan próspero lector de ensayos al que uno representa, acostumbrado a desenvolverse temáticamente en las discusiones para refutar con comodidad hipótesis y desarrollos desde una particular parcela de especialización, levante la cabeza y descubra la fragilidad del libro que tiene entre manos, la fragilidad de sus manos. El neoarielismo de estas páginas se expresa no en una minuciosa investigación, sino en un trabajo literario, creativo, de deliberación en la superficie verbal: en cada ensayo, Rojo adopta alternativamente el estilo discursivo –para escuchar, distinguir y responder la manera en que hablan el mundo– de distintos tipos de intelectuales de nuestro tiempo: cuando se ocupa de la educación en Chile, imita la forma de análisis de los informes de Brunner y los expertos cepalinos; cuando se refiere a las dimensiones psicoanalíticas y emocionales que adquiere la lectura de Luis Oyarzún de algunos libros de Gabriela Mistral, no evita la arielidad del relato íntimo; cuando recorre la genealogía de nombres que ha tenido América –o, mejor dicho, este lugar donde vivimos que nunca ha podido ser nombrado más allá del presente–, el registro se hace arrollador, se suceden las metamorfosis, las contradicciones y las violencias quedan manifiestas en una feroz advertencia final, apenas murmurada como si la pronunciara una nueva imagen de Calibán. Quizá los ensayos más expresivos de esta nueva arielidad, los textos que en su manera de decir entrañan una pregunta sobre cuál es el espíritu de nuestros tiempos y lugares, sobre si podría deducirse entre tanta variedad una constante que no fuera la situación material que nos permite leer concentradamente este libro, o sobre si se trata sólo de una trascendencia en el presente a través de la suma de individualidades que hay en la palabra nación –sin formularla directamente, como la duda espiritual más profunda no se evidencia en ningún texto sagrado–, sean aquellos donde Rojo ajusta cuentas con libros emblemáticos de Octavio Paz y Jean Franco, poniendo en evidencia la multitud de contradicciones a partir de las cuales estos intelectuales “amasaron una greda teórica inestable”, detrás de la cual se confunde una idea de personalidad, un personaje –el intelectual– que se adapta a las distintas peripecias de su relato sólo con un nombre que quiere trascender aunque no sepa cómo denominar ese futuro que lo venerará, en vez de razonar en la lectura, en la escritura de su libro un ensayo contra la inevitable destrucción suya y de los otros.

        Es que la única arma de las letras es la posibilidad de que las personas se concentren en los mismos libros y, leyendo, escuchen: un libro se expone al agua y al fuego –al espíritu más purificador, al demonio mortal, a la medianía de un mundo próspero– para evitar que sea el cuerpo de quien lee lo que se sumerja, se encienda y quede marcado definitivamente en vano.

 

 


Las armas de las letras. Ensayos neoarielistas. Grínor Rojo. Lom Ediciones. Santiago, 2008.

Comentarios
Añadir nuevo
Nanoperez  - lenguaje y ensayo   |201.236.175.xxx |2008-06-10 07:58:09
¿Habré leído otro texto? Entre la acuarelada, y manierista reseña de Labbé no se
alcanzan a percibir las cuestiones de fondo plateadas por Rojo: la relación
entre academia, crítica y política, la posibilidad de instalar el debate- aunque
lo veamos añejo hoy- de la intervención intelectual en un espacio público,
acaso, señas desesperadas de una actividad en época de desaparición. Labbé,
quien posiblemente tome de sus lecturas algo más filológicas, literarias y
conservadoras, el viraje hace el texto, se equivoca al leer las argumentaciones
como "textos" y "disciplinas" (Brunner no sería solo un autor
si no un productor de enunciados con consecuencias ideológicas y prácticas, sólo
por tomar un ejemplo). ¿será que el reseñista habrá ido virando hacia una
astrología del texto, entre medio de tanta referencia al fuego, al agua, al
aire?
¿y podemos decir algo ya, cuando la palabra suena vana, superflua, acaso,
ap...
Carlos Labbé  - Sobre decir algo     |200.75.5.xxx |2008-06-10 16:53:09
Estimado Nanoperez, primero muchas gracias por el comentario. No suele ocurrir
que los comentarios a las críticas en este sitio sean también textos críticos
sobre la nota, lo cual enriquece el asunto.
Me pasa que cuando comento un
libro no me parece necesario hablar de lo evidente, para eso están las páginas
abiertas y el lector que quiera puede leer en los ensayos de Rojo -está
suficientemente explicitado- cuál es el problema que se muestra con respecto a
la especialización y la creciente falta de pertinencia de los intelectuales en
Chile y los países americanos de habla hispana. Sólo que se trata de una crítica
que parece agotarse en sí misma, en un humanismo de varios siglos cuya variante
capitalista es prima hermana de la variante intelectual.
Me encantaría
encontrar esa astrología del texto, la verdad. Y para mí el fuego, el agua y el
aire son más importantes, más urgentes que la discusión sobre el texto, la
disc...
nanoperez  - textualismo.inc   |190.196.49.xxx |2008-06-13 01:02:56
No tengo idea que entenderá el señor Labbé por "literatura", ni tampco
qué tipo de concepciones tiene sobre las nociones de "discurso",
"enunciado", "poder" (bajo su "decir", me suenan como
palabras que vienen de la cloaca a aguar el festín editorial), que, justamente,
han dado la clave de entrada histórica para un tipo de acercamiento al texto
literario, democrático, plural, y anti-canónico (si no nos quedamos con Bloom, y
estamos).

No hay "nada" tras el texto, podría ser un buen punto de
partida, para criticar cualquier asomo de esencialismo estético. Lo que no se
puede ocultar es que esa discusión (sobre lo literario y lo estético) no está
zanjada, y, mucho menos, puede agotarse en una concepción liberal o
neoconservadora.
Carlos Labbé  - Claro   |200.75.5.xxx |2008-06-13 15:42:44
Estimado Nanoperez: por supuesto no será aquí donde discutiremos esas nociones
al infinito. Aunque usted y yo hablamos y escribimos, eso es suficiente para
darnos cuenta de que las palabras que usted menciona son comprensibles sin tener
que leer a Foucault, Bloom o White, como cualquier persona.
No entiendo eso
de que "vienen de la cloaca a aguar el festín editorial".
Lo de la
concepción liberal o neoconservadora, esencialista o posmoderna es llenarse de
prejuicios, otra vez. No hay ninguna discusión zanjada, nunca, gracias a Dios.
Romina  - Oscuro   |85.104.208.xxx |2008-06-24 15:02:58
Queridos Nano y Carlos.
Interesnate que el libro de Rojo haya insiprado su
discusión. Creo que es uno de sus atributos, y está por verse que otras
discusiones provocará. Espero que muchas.
Lo que sí me desanima profundamente
es que el texto haya permitido exactamente el tipo de polémica que se quiere
superar. Es odioso... Basta de competencia eruditoide del sinsentido.... No más
resentimiento chilenito. Vamos a ocupar las armas de las letras para otras cosas
ya?
Boris Hiche   |70.176.88.xxx |2008-08-30 04:47:30
Tomando en cuenta la consideracion del segnor Labbe, que no es necesario leer a
Foucault, Harold Bloom, Paz, Aaron, De Man y a otros, creo que el segnor Labbe,
tiene la intencion oculta, disfrazada de intelectual (que al el le provoca) de
escribir par si mismo. Para adornar su opinion de un excesivo barroquismo que
nadie entiende.
Por lo demas si : "se diluye a medida que avanza el libro,
y pareciera que otro fuera el motivo que guía la argumentación: un alegato
nostálgico ante la pérdida de influencia de las humanidades, la capacidad
crítica y la educación ilustrada entre nosotros", este fuera el proposito
del autor, me parece excelente.

Ante tanta vulgaridad, falta de estetica en
el discurso, en las calles, ante tanta excrecencia de todo tipo, el pais
necesita, justamente, de la influencia de las humanidades para terminar con
tanta garruleria y, tambien, diluir la mirada tecnocrata:
tesis-antitesis-sintesis.
...
Carlos Labbé   |190.161.75.xxx |2008-08-30 15:37:33
Boris: creo que usted sí debe leer a Foucault, Bloom, Paz, etcétera, para
adquirir experiencia en la lectura de discursos que no son sólo lineales, de
textos que no buscan una sola dimensión receptiva. Y luego le pido que vuelva a
leer mi nota crítica o cualquier otro escrito que no intente ser un juicio de
valor, sino una reflexión.
Este es un sitio de libros, de complejidades, no
una lista de quién es mejor que quién, así que déjese para usted lo de la
envidia y la milicia. Lea como en un espejo.
Javier Barrida  - Si esto fuera cierto   |200.72.252.xxx |2008-09-09 15:31:09
Estoy de acuerdo: me parece vivificante que se genere discusión en torno a un
tema, en torno a un ensayo que pretende sacudirse de tanta parafernalia
lingüística para llegar realmente a comunicar.
Lo que sí me parece raro es que
dejen escabullir las emociones y prejuicios de quienes no pueden leer
literariamente, que, en mi opinión, tiene que ver con poder tomar, aunque sea
por poco tiempo, una postura distinta. Eso es escuchar. Entender parte de ahí. Y
si existe conocimiento, debe originarse desde un lugar como ese. Supongo que eso
es también parte del diálogo, la comunicación e imagino que en algún punto la
escritura, la literatura, la lectura y el ensayo (de la índole que sea) ha
tratado de hacer desde sus comienzos.
Algo que alabo de este y otro ensayos de
Rojo es la discusión de ideas, que dejan de lado la falacia ad hominem,
especialmente construidos sobre prejuicios.
Y, me disculpo ante quien crea que
esta discu...
Boris Hiche   |70.176.93.xxx |2010-08-11 08:14:01
Segnor Labbe: sí he leído a los autores que usted menciona.

Me parece, en su
respuesta, de una elegancia "astuta", disfrazar el excesivo
intelectualismo de sus nota critica, de que "hay que adquirir experiencia en
discursos que no son lineales".

Es decir, presume, que usted y algunos
pocos académicos, son los que dominan lecturas más esenciales y sofisticadas; y
asume porque critico la falta de claridad suya, a que yo soy un lector plano,
que no sé distinguir matices, ni los hiatos que hay en los textos para que yo
como lector complete y participe del texto, es decir, participando en su
materialidad discursiva.

Pregunto Mr. Labbe: Quién le dijo a usted que
comunicar era algo lineal y sólo para gente elemental sin capacidad de
abstracción, y que las lecturas no lineales, son para doctos e inteligentes,
para algunos elegidos?

Si de lecturas no lineales se trata, para tener
experiencia, entonces, le insto ...
Escribir comentario
Nombre:
Email:
 
Título:
 
Por favor introduce el código anti-spam que puedes leer en la imagen.

3.26 Copyright (C) 2008 Compojoom.com / Copyright (C) 2007 Alain Georgette / Copyright (C) 2006 Frantisek Hliva. All rights reserved."

 
< Anterior   Siguiente >