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Escrito por Andrés Estefane
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sábado, 06 de abril de 2002 |
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En
la década de los noventa nos invadió el orgullo. Sin estar
conscientes del cómo y del por qué, nos subimos al carro
de la victoria y tomamos en nuestras manos el estandarte que había
que llevar, la imagen imponente del Tigre Americano. Los resultados macroeconómicos
habían superado todas las expectativas y parecía que por
fin nos encaminábamos a paso firme en la tan esquiva senda del
desarrollo. Al menos eso fue lo que nos "dijeron". Y lo creímos
a pie juntillas. La receta mágica del éxito económico
inauguraba un tiempo esplendoroso y comenzábamos a sentirnos eximidos
de la secular maldición sudamericana que había echado por
tierra todos los intentos anteriores de modernización. El modelo
ya no parecía tan perverso y ni nos molestamos en tomar cierta
distancia de nuestro nuevo apodo: los jaguares. Le tomamos el gustito
el asunto. Mejor dicho, estábamos en eso cuando vino el tiempo...
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Escrito por Víctor Bravari
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lunes, 04 de marzo de 2002 |
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Desconcertados
quedamos después de la lectura de este pastiche posmoderno, pletórico
de opiniones y fantasías de la autora. Y aunque no pertenece a
un género de ficción, hay que leerla como si se tratara
de una novela policíaca, sólo que el contenido es un poco
más conceptual: se ha extraviado el tema del ensayo, ¿donde
está? esa es la pregunta que exige al lector, pues definitivamente
no está, a pesar de lo que nos indican los títulos, en el
ensayo, y nos preguntamos, ya un poco angustiados si se encontrará
en los otros textos. Pero veamos qué podemos hacer al respecto.
El ensayo
está dividido en dos partes, en la primera llamada "El Nombre
Como Creador", presenta la posibilidad de vincular la creación
artística y el acto de nombrar, para considerarla como un tipo
particular de denominación...
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Escrito por Carlos Labbé
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domingo, 03 de febrero de 2002 |
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¿Qué es
un cuento, cuando no es falaz? Umberto Eco habla de un bosque donde el lector
elige perderse para encontrar una salida preciosa. No tan lejos, C. S. Lewis
afirma que la necesidad de ficciones sigue una antigua sabiduría: "el que
pierda su vida, la salvará". Los jovencitos nobles de El Decamerón esquivan la fatalidad de la peste negra y del bostezo
del campo contándose historias. Sin engaño, uno demora el preguntarse en qué
sentido la ficción narrativa nos traslada. Uno prefiere dedicarse a leer, como
Sherezade, en Las mil y una noches,
retrasa cada atardecer su fin relatando las vidas de otros al rey.
Félix
Martínez Bonati se responde honestamente a la pregunta de la ficción. Hay que
agradecerle que atienda desde el principio a un detalle que se ha vuelto de
poca importancia para la teoría literaria...
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Escrito por Carlos Labbé
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lunes, 24 de diciembre de 2001 |
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Quisiera
poder concentrar mi comentario al último ensayo de Miguel Rojas Mix en
un símil: la relación del todo vaga y a la vez inagotable que se produce en la
portada del libro entre su título -El fin del milenio y el sentido de la
historia- y la imagen del cuadro "La torre de Babel", de Bruegel. Pero
debo adelantar que esa hondura connotativa no se extenderá al texto. Rojas Mix
pierde una ocasión preciosa de sentarse frente a los dos grandes prosistas de
la Colonia Chilena y dialogar con ellos. Este ensayo compila con sistemática
claridad las proposiciones de Manuel Lacunza y de Juan Ignacio Molina, pero no
las integra a un discurso crítico propio. Porque no dudo de que Rojas Mix debe
tener ideas originales y fundadas sobre la Historia, sobre la nación de Chile,
sobre la vida civil, sobre la naturaleza, lo social y lo individual. He aquí
dos pensadores que no dudaban en realizar sendas y diversas pequeñas
valoraciones sobre un fondo de sentido muy explícito: la redención cristiana...
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