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Escrito por Carlos Labbé
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lunes, 10 de diciembre de 2007 |
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Me pregunto si escribir sobre un poema sin desafinar es trabajoso sólo para mí o para cualquiera que haya despotricado suficientemente contra ese lugar común del vate nacional que, para bien o para mal, campea aún en las bibliotecas, en los pocos libros que el incauto lector de vacaciones puede encontrar en cualquier casa donde lo pille la canícula chilena. Pero la marea viene subiendo, lenta, empozado va quedando el adjetivo tradicionalmente caudaloso...
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Escrito por Mónica A. Ríos
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miércoles, 03 de octubre de 2007 |
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La experiencia de la ciudad, para quien ha sufrido una enfermedad que lo mantuviera en el encierro por dos meses o más, puede llegar a ser reveladora. El contraste entre la quietud de las cuatro paredes que cobija una experiencia dolorosa y el movimiento que continúa veloz sucediendo –como constata el enfermo– aun en su ausencia, sirve como una especie de limpiaparabrisas ocular que refresca su mirada y le hace ver los espacios y superficies, las luces y los laberintos como si fuera la primera vez que posa sus ojos sobre los fenómenos de la ciudad. El adentro, en contraste con el afuera, sirve para tomar conciencia de la experiencia cotidiana que sucede en las ciudades, de igual modo que el silencio sirve para escuchar el ruido y, éste, a su vez, para agradecer el silencio...
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Escrito por Mónica A. Ríos
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domingo, 26 de agosto de 2007 |
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Paliaba yo el retraso del
doctor en una sala de espera con la lectura del segundo tomo de la conocida
saga proustiana; muy a propósito, pues, como podrá recordar quien haya leído el
primer tomo, las alusiones a la enfermedad de Marcel comienzan muy
tempranamente desde que empieza el relato de su niñez. El dilatamiento de los
padecimientos del narrador y su recurrencia en el segundo volumen se conjugan
con las referencias a la enfermedad cutánea que padece Swann, ese eccema que
nunca se le quita, y que es una de las tantas situaciones -la enfermedad- que
configurarán al personaje Marcel como el antitipo de Swann. Esta imagen del
escritor enfermo que posee una "inteligencia"...
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Escrito por Carlos Labbé
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domingo, 05 de agosto de 2007 |
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En la ciudad uno se acostumbra a ver gente que habla
sola mientras camina o mientras está parada frente a los escaparates; le
conversan a sus celulares, comentan algo a nadie en las filas del transporte
público o en las cajas de las tiendas, pronuncian en voz alta como si no
hubiera alrededor más que bloques de cemento, algunos árboles de cartón,
automóviles igual que obstáculos inestables que a veces tienen forma humana
pero no identidad. Y cuando uno se descuida, cuando uno escucha que alguien
está hablando y le responde -perdón, ¿necesita algo?-, el soliloquio se
interrumpe, las imágenes del mundo dejan de ser una mera proyección mental y
devolvemos una expresión atónita, irritada, miserable a ese ser vivo que se
atreve a ser igual que uno...
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Escrito por Francisca García B.
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lunes, 04 de junio de 2007 |
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La imagen del lavamanos ilumina mi lectura de Año dos mil porque sintetiza a la
perfección lo que encontré en sus páginas: un libro que poco a
poco va convirtiéndose en recipiente de eso que oficialmente entendemos como La
nación, Lo chileno y La ciudad de Santiago, que sin duda para el sujeto inmerso
necesita un imperioso enjuague...
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