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Escrito por Carlos Labbé
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viernes, 11 de mayo de 2007 |
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Si uno deja un libro a la intemperie en un lugar de poco tránsito
humano, digamos colgado de un árbol en medio de un bosque, sobre la
arena de una playa o en la punta de un cerro, la humedad será
implacable con sus páginas. La imagen de una novela preferida
amarilleando, enmudeciendo, volviéndose de nuevo humus y luego semilla de un árbol es otro argumento para encontrarle razón a quien
afirme que la lectura ocurrió primero en las ciudades, en las casas, en
la habitación...
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Escrito por Carlos Labbé
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miércoles, 02 de mayo de 2007 |
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Otra prueba de que el futuro es una falacia que se desenmascara en las fiestas de cumpleaños, matrimonios, funerales o año nuevos -una esperanza que termina en los basureros, junto a cientos de periódicos de anteayer, calendarios caducos, relojes dañados, y que sin embargo cada mañana despierta junto a nosotros- es la actualidad de una ejemplar crónica de Jenaro Prieto fechada en 1926, donde el escritor chileno recurre a la imagen del loro -como Roberto Merino, como Juan Emar, como Pepo- para preguntarse si la literatura es el diálogo de alguien con sus personas o bien una esperanza de verdadera comunicación con otro...
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Escrito por Luis Valenzuela Prado
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lunes, 26 de marzo de 2007 |
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"Espero no haberte aburrido en exceso en mis dos cartas anteriores. Mal podía evitar la tentación de dilatar cada tema: aquí me es imposible conversar sobre mi vida pasada y siento que -de no mantener contacto contigo- podría disolverme en este estático presente de provincia. [...] Intentaré construir entonces un relato guiado más por la cabeza que por los sentimientos". Generalmente no abro los comentarios de libros con citas, pero creí que esta podía explicar mejor la posición adoptada por el protagonista, quien escribe cartas para contar lo que le sucede y cómo se va hundiendo: ve en la escritura la posibilidad de sudar lo que no puede en su día a día. Si lo hace más con la cabeza o con los sentimientos, es tarea del lector concluirlo...
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Escrito por Luis Valenzuela Prado
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domingo, 11 de febrero de 2007 |
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1. No creo en los comentarios de libros que ponen
en un pedestal o tiran a la basura a un libro, prefiero pensar que un
comentario abre surcos que intentan acercarse al texto.
2. Conversando con la escritora Claudia Apablaza
sobre cómo titular su libro que estaba por salir -que finalmente se llamó Autoformato-
me decía que prefería no darle al libro el título de uno de los cuentos que lo
componen, ya que crea expectativas sobre los demás. Digerí el comentario y
pensé que esa idea no funciona en algunos libros, por ejemplo Suicidios
ejemplares de Vila Matas, Llamadas telefónicas de Bolaño o Compraré
un rifle de Fadanelli, ya que las expectativas que el lector se hace son
plenamente satisfechas. No obstante, al leer La mujer que se parecía a
Sharon Stone (2003) de Javier Campos, esto no funciona del mismo modo...
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Escrito por Carlos Labbé
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domingo, 28 de enero de 2007 |
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Digamos que hay un personaje que
desaparece en el desierto, que de él sólo se conserva un cuaderno donde relata
que era fotógrafo, que se dirigió al África del norte a buscar imágenes de la
tumba de un escritor prestigioso, que su última foto se la tomó a un especie de
profeta terrorista. El primer impulso sería buscar a este Waldo Pereira -que
así se llama el personaje- en las fotos, mirar el ojo detrás del encuadre,
quizás su propia cara y sus manos desaparecidas, antes y mejor que leerlo. Pero
el mismo (seudo)editor que ha decidido ordenar estos cuadernos advierte que
nadie ha podido encontrar esas fotografías ni sus negativos. ¿Cómo ver el
cuerpo que aparece al centro de una imagen que se ha perdido, aunque -como
señala el (seudo)editor de esta novela- el paisaje de fondo sigue ahí...
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