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Escrito por Luis Valenzuela Prado
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miércoles, 27 de febrero de 2008 |
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La novela de Cormac McCarthy No es país para viejos —que se puede leer también como No es lugar para débiles— llega a mis manos, me remece y hace que la consuma en pocos días. Pongo énfasis en el remecer, que bien puede ser estremecer, sacudir y hacer temblar, activando de manera violenta los sentidos. No es país para viejos trata de un hombre, Llewelyn Moss, que encuentra en medio del desierto, después de una violenta riña entre narcotraficantes, un maletín ajeno con dos...
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Escrito por Carlos Labbé
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lunes, 11 de febrero de 2008 |
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Parecido a un botón solo, a una tecla, a un garabato en la superficie electrificada de la pantalla, y luego al cadáver de una hormiga tras otra en el entramado del papel, no aparece aquí el cuerpo del que escribe, sólo figuraciones: brazos tan cortos, dedos tan anchos que no sé cómo alcanzo a moverme de la manera adecuada para dejar esta palabra; entonces viene otra voz que me desaconseja decir esto, que deplora la minúscula ficción de la materialidad de la lengua, como si...
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Escrito por Luis Valenzuela Prado
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domingo, 27 de enero de 2008 |
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Reunir a un grupo de escritores en una antología, una selección o una compilación es hacer un corte de una parte mayor, de un todo, y también dar cuenta de una muestra, como reflejo de un momento literario. Sea cual sea el nombre del acto realizado, el gesto implica elegir, optar entre un escritor y otro. Discriminar y desechar. Es la opción que se juega el compilador, en este caso los compiladores Cecilia Eudave y Salvador Luis al convocar a escritores para escribir relatos sobre animales reales o inventados...
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Escrito por Carlos Labbé
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sábado, 05 de enero de 2008 |
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La escritura, ¿fue un descubrimiento azaroso o una, varias personas se empeñaron en inventarla? Los recuerdos de alguien dejan de serlo cuando nos enteramos de éstos –la palabra desperdicio no puede trasmitir el olor a podrido ni la arcada–, así como oculatorio y biógrafo han dejado de ser, como anota el libro Basuras de Shanghai, un objeto donde lavarse los ojos y una sala de cine para volverse –respectivamente– un sujeto que vigila, un hombre que escribe dos, diez veces los episodios de su vida con el peso de quien ha sido condenado a...
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Escrito por Mónica A. Ríos
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lunes, 17 de diciembre de 2007 |
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 No se puede dormir sobre piedras. Una mujer, me contaron hace muchos años atrás, miraba los árboles de la plaza desde la ventana de su departamento, único paisaje posible después de un accidente que la había dejado postrada. La proximidad del otoño la hacía elucubrar sobre la serenidad de los árboles al perder las hojas, las partes de sus cuerpos –que ya no eran más– diseminadas sobre la tierra, pudriéndose ahí y luego alimentando ese tronco y las nuevas hojas que las reemplazaban; pensaba en el sereno padecimiento y en el suyo, alimentado de recuerdos que habitaban su dormitorio como ánimas en pena. Ese cuento me viene a la memoria durante la lectura de Jamás el fuego nunca, de Diamela Eltit, tal vez por...
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