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Escrito por Carlos Labbé
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sábado, 27 de abril de 2002 |
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Juan José Saer le dedica su novela La Pesquisa a Ricardo Piglia. No es de extrañar. Los dos pertenecen, singularmente, a la avanzada de la narrativa latinoamericana que se guareció en la más rigurosa academia francesa o norteamericana antes de salir al descampado de nuestra novela posterior al boom de los sesenta, para así no extraviarse. La idiosincrática latinoamericana, donde ha fundado sus poéticas sobadas cada copista de García Márquez, de Vargas Llosa y de Donoso, ahí también se ubican Saer, Piglia, Aira, Rey Rosa, Villoro o Bolaño. Cómo no. Simplificando olímpicamente los matices de cada caso, puedo afirmar que Isabel Allende y Saer pretenden lo mismo: rehacer la novela, narración eminentemente occidental, razonada y enfática, según la medida de esta zona de confusas superposiciones que llamaríamos latinoamérica. La diferencia fundamental es de exactitud, al decir de Ítalo Calvino. De tanto que el narrador de Allende desea...
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Escrito por Jennifer Walton
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martes, 23 de abril de 2002 |
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Interesante
debut el de Nicolás Poblete, ambicioso también. En apenas
90 páginas este joven autor sumerge al lector en un relato inquietante
y pesado, llevado de la mano de un narrador que no se separa jamás
de su personaje: Esteban, el gélido e incomprensible kinesiólogo.
El relato se construye bajo la forma de una seguidilla de pequeños
segmentos, titulados por una frase, a modo de clave de lectura de cada
sección.
En
cuanto a su estilo, hay experimentación, pero de la calculada,
tanto que el ejercicio de pasar del ocultamiento de datos centrales, a
la fijación en una descripción hiperdetallista, alternadamente,
agobia por lo forzado de su intento. Es como hablar en clave, pero clave
obvia para cualquier chileno de hoy: "En la pantalla (de la TV) aparece
la figura de un hombre mayor, gordo, y de cabeza voluminosa. El hombre
grita...
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Escrito por Carlos Labbé
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domingo, 03 de marzo de 2002 |
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Toda labor escritural debe
librar feroz batalla contra sí misma para mantener su sutileza. Y cuando la
historia misma escenifica la fragilidad, constituye un triunfo que sea escrita
de un modo delicado. Pero entonces arremete un tratamiento editorial o una
lectura gruesa, oficiosa, que relaciona insistentemente los matices estéticos
con casilleros científicos. En el caso de Desde aquí, segunda novela de la
chilena Luz Chuaqui, el esmerado trabajo de lenguaje con que son narrados los
fragmentos de historia familiar de la pequeña Eloise se simplifica con un
diagnóstico científico de buena voluntad que perpetran los textos
introductorios. Estos psico-fanáticos nos quieren arruinar la sorpresa de una
buena novela. Es un error editorial rodear a la literatura de informes médicos...
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Escrito por Carlos Labbé
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domingo, 27 de enero de 2002 |
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Imagine que un lector desprevenido llega al
país de la novela chilena. No, no se apiade aún del personaje. Viene de paseo,
trae dinero. En el tren, un tal Bolaño se le acercó de noche para aconsejarle
que se bajara en el paso fronterizo. En el avión se sentó junto a dos señoras,
Allende y Serrano, que le mostraron tantas veces las fotografías de sus
respectivas familias que acabó interesándose. En el barco, Coloane y Sepúlveda
lo invitaron a visitar a un hombre barbudo que vivía en un glaciar. El
personaje al fin ha arribado al país. Pasa una tarde agradable con su amigo
Martín Rivas, quien sin embargo no puede evitar que el lector se asome cada
mañana a la ventana de la pensión donde se hospeda y se abrume ante el páramo
del criollismo y de la novela social que se extiende ante sus ojos. Decide
internarse en el desierto...
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Escrito por Carlos Labbé
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viernes, 18 de enero de 2002 |
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En la tradicional imaginación maliciosa, Adolfo Bioy Casares figura trascribiendo La invención de Morel,
su primera novela importante, al dictado de Borges. Otro lugar común de
la historia literaria convierte a Bioy Casares en el mujeriego de la
aristocracia cultural bonaerense de los años treinta. Al mismo Bioy
Casares, por su parte, estas imágenes le hacían reír, puesto que eran
variaciones fantásticas de su vida. Una historia es placentera si está
bien contada, le responde una y otra vez a su entrevistador; más acá de
su falsedad o verdad. Preocuparse del argumento y del estilo, “escribir
para los lectores, no para la historia de la literatura”, he ahí la
máxima que permitió a Bioy Casares olvidar sus seis primeros libros mal
escritos, salir desde la sombra de su entrañable amigo Borges al
alumbrado de novelas y relatos suyos donde fantasía, amor, ironía y
costumbrismo persisten en su tan particular concepción de “escritura
llana”...
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