"Partiendo de la premisa de que yo como persona nunca me
he tomado muy en serio, pero que sí he tomado en serio mi producción dramática,
entonces el personaje pop como tú llamas, Galemiri en este caso, puede
libremente moverse en el fértil campo de sus obsesiones y figuras arquetípicas
que me place destruir y restaurar, frente a una audiencia no siento más que
sobre todo compasión cómica y hablo de lo que quiero, pareciera que manejado
por mi caverna cultural o moral, y cuando escribo el proceso es el del buscador
del sonido del acero del que hablaban los Profetas de la Biblia, aquella voz
acerada del único que se esparce sobre las conciencias y las perturba. Creo que
el medio periodístico, que me divierte mucho y que no tomo muy en serio
tampoco, me ve un poco como una especie de perturbador eterno, ególatra y
perdidamente enamorado de mí mismo, lo que durante un tiempo les producía sobre
todo a las periodistas éxtasis hasta sexuales, pero ahora siento que hay un
poco de repulsa hacia esa imagen que ellas mismas inventaron con un poco de mi
ayuda, es cierto, pero es que la verdad de lo que he dicho a los periodistas,
ese fondo implacable y horroroso nunca ha sido publicado porque..."