La lectura de Antonin Artaud me produce placer físico. El espectáculo macabro de un autor intentando comunicarse desesperadamente como desde el más allá, usando sólo lenguaje escrito, es fascinante. Artaud fracasa, el lenguaje fracasa. El mensaje es demasiado para una herramienta a todas luces primitiva e insuficiente. Ahí reside la belleza de esos textos. Un autor ahogándose en visiones que producen textos fracturados. La poesía no está en las palabras, son las palabras intentando hacer parir la poesía, y con mucho dolor...